Una semana después de San Francisco, el formato de la Tech Week se mudó al sur. La LA Tech Week se celebró del 12 al 18 de octubre, con cientos de eventos organizados de forma independiente por toda la ciudad. Mi semana fue desde un café de la mañana con Visa en Santa Monica, una fila que daba la vuelta a la cuadra para entrar a Google en Venice y una cumbre de salud y bienestar a pocos pasos, hasta un taller de AWS y un día completo de cumbre de IA dentro del hangar del Spruce Goose, en Playa Vista, y terminó con dos fiestas de cierre el sábado por la noche.
La energía era la misma, pero la conversación había avanzado. En San Francisco, la historia era lo barato que se ha vuelto construir. En Los Ángeles, las salas seguían preguntando qué viene después: ¿cómo se demuestra que la IA funciona, quién es responsable cuando algo sale mal y quién paga la cuenta?
Tres preguntas que todo líder está recibiendo
El planteamiento más claro vino de un taller de AWS Startups en la oficina de Amazon en Santa Monica, Gen AI Observability for Engineering Leaders, presentado por Sunil Paramel y Andrew Lee. Empezó con tres preguntas que hoy hacen las juntas directivas, cada una desde una silla distinta:
- 01El CTO: ¿la IA realmente nos está haciendo mejores?
- 02El CISO: ¿el código generado por IA es seguro para ejecutarse en producción?
- 03El CFO: ¿cuánto nos está costando la IA, y vale la pena?
Su diapositiva resumía la respuesta de siempre: “créeme, es más rápido”. Eso no es una respuesta. La mayoría de las empresas está pagando una factura de IA cada vez mayor sin línea base, sin comparación y sin forma de saber qué herramientas están rindiendo.

Su propuesta fue medir la IA como los buenos equipos ya miden la entrega de software, en tres grupos: adopción (¿los equipos la usan?), productividad (¿son más rápidos?) y resultados (¿el resultado es mejor, con menos defectos y menos hallazgos de seguridad?). El equipo también mostró herramientas de código abierto que miden el costo por commit y cuánto del código escrito por IA llega realmente a producción.
Dos detalles se me quedaron grabados. Primero, el costo se volvió el tema central. Después de un periodo de probarlo todo, los presentadores dijeron que casi todas las empresas con las que trabajan terminan tomándose en serio cuánto les cuesta la IA. Segundo, los errores de seguridad son cada vez más caros. Hablaron de empresas que subieron por error claves de acceso a la nube a repositorios de código públicos, y de una que recibió una factura de unos US$2 millones. Su consejo fue buscar secretos expuestos en la propia computadora del desarrollador, antes de que algo salga de ella.
No todos quedaron convencidos. El taller estaba dirigido a organizaciones de 20 a más de 200 ingenieros, y un fundador en la sala señaló que la mayoría de los equipos pequeños nunca va a montar tableros como esos. Es justo, y la propia diapositiva de cierre de la sesión tenía la mejor respuesta para ellos: elija el área que más duele hoy, dele cuatro semanas y obtenga, para la segunda semana, un número que pueda defender ante su junta directiva.
No necesita un tablero. Necesita un número de IA que pueda defender.

La gobernanza se está volviendo un requisito de ventas
El mismo día, el AI LAX Summit, presentado como Culture meets AI, llenó el campus de Google en Playa Vista, construido dentro del hangar donde Howard Hughes construyó el Spruce Goose. Sus temas iban de la IA en la vida cotidiana y los agentes en el trabajo a la gobernanza, la infraestructura y la economía de capital de riesgo de Los Ángeles. Su panel AI Governance & Safety reunió a un inversionista, una socia de la firma Morrison & Foerster, un fundador del área de seguridad, un ingeniero de DeepMind y otro fundador de IA, y fue la hora más práctica de mi semana.

La primera pregunta de la abogada para cualquier empresa fue simple: ¿está construyendo la IA, implementándola en su negocio o solo usándola? Importa, porque la empresa que la implementa suele cargar con la mayor parte del riesgo legal. Los contratos son la herramienta para manejarlo. Deben decir quién pone las protecciones, quién puede identificar qué agente de IA hizo qué y quién guarda un registro de esa actividad que se sostenga si algo sale mal.
El panel también coincidió en que el riesgo depende del uso. Una empresa que produce contenido creativo se preocupa sobre todo por la propiedad intelectual. Una empresa que opera transporte se preocupa por la confiabilidad y la seguridad. Los controles son completamente distintos.
¿Quién responde? La respuesta fue la cúpula: la gobernanza de la IA no funciona si el CEO y el equipo directivo no se hacen cargo de ella, y por eso empiezan a aparecer cargos de Chief AI Officer. Pero el panel agregó que todo el que construye una parte de un sistema de IA es responsable de su calidad. Como dijo uno de los panelistas, la IA no es un botón que se aprieta.
El punto que yo subrayaría para los fundadores es de dónde vendrán las reglas. Pocas startups tienen un proceso de gobernanza, y los inversionistas las presionan para avanzar rápido. Así que los requisitos los pondrán los clientes. El ejemplo fue el de un sistema de salud que preguntaba cómo hacer la IA más segura, y el consejo fue convertir salvaguardas específicas en una condición del contrato. Cualquier empresa que venda a grandes empresas de EE. UU. debe esperar que las preguntas sobre IA aparezcan en las revisiones de seguridad y en los procesos de compra, si es que no lo han hecho ya.
Un asistente de otra sesión hizo la misma advertencia sobre Europa: la Cyber Resilience Act de la Unión Europea entra en vigor por etapas hasta 2027, y las empresas estadounidenses que vendan allí necesitarán integrar la seguridad en su forma de desarrollar software, no agregarla al final.
¿Le daría su tarjeta de crédito a un agente?
La pregunta más divertida del panel fue si alguien ya deja que agentes de IA compren por él. La respuesta fue, en general, “todavía no”, pero la forma en que el panel lo pensó sirve a cualquier empresa que implemente agentes. Trate a un agente como a un empleado con tarjeta corporativa:
- 01Sepa quién es y qué puede hacer, y dele solo el acceso que necesita.
- 02Use credenciales que venzan rápido, para que un error tenga un alcance limitado.
- 03Fije límites de gasto.
- 04Haga que otros agentes revisen lo que compra, como un equipo de finanzas revisa las tarjetas corporativas.
- 05Exija que una persona apruebe cualquier compra grande.
Uno de los panelistas recordó la época en que el consejo era no escribir nunca el número de la tarjeta de crédito en un sitio web. Ese consejo no duró, y este tampoco durará. Visa ya había abierto esa conversación a principios de la semana. El miércoles reunió a fundadores, operadores e inversionistas en un bar de vinos de Santa Monica para Coffee, Cards & Commerce in an Agentic World. A propósito, no fue un panel, sino una conversación abierta sobre cómo deben cambiar los pagos, la identidad y la confianza cuando los agentes de IA buscan, deciden y compran en nombre de alguien.
La infraestructura de fondo también importa. Los codelabs prácticos de Google en Venice, ese mismo día, incluyeron una sesión sobre cómo conectar agentes a herramientas con MCP, el estándar que permite a un agente de IA acceder a otro software y a otros datos. La descripción de la sesión fue directa: la mayoría de los servidores MCP en uso no tiene ninguna capa de autenticación. Si los agentes van a tener la tarjeta de la empresa, las conexiones que usan necesitan candado primero.

Los límites físicos de la IA
El panel de infraestructura de la cumbre, con ponentes de NVIDIA, Google y la startup de cómputo orbital Sophia Space, llevó la conversación al terreno de la física. La restricción principal es la capacidad: faltan chips y faltan centros de datos construidos con suficiente rapidez. Las comunidades también se están oponiendo al consumo de agua, de energía y a la presión sobre la red eléctrica que traen los nuevos centros de datos.
Algunas respuestas suenan a ciencia ficción, pero no lo son. Sophia Space construye servidores diseñados para funcionar en órbita. Sus primeros clientes son satélites que, según su fundador, descartan la mayor parte de los datos que recopilan porque no pueden procesarlos a bordo ni enviarlos todos a la Tierra. Contó que hace unos años los inversionistas le preguntaban por qué. Ahora le preguntan cómo.

Para los fundadores, el field CTO de Google en el panel dio el consejo más útil de la sesión. Las necesidades de los clientes cambian constantemente en este mercado, así que mantenga sus opciones abiertas: evite atarse a un solo chip, modelo o framework, y pida a los proveedores de nube contratos que le permitan pasar a la siguiente generación de hardware. Después puso todo el tema en perspectiva. Dijo que nunca había visto fracasar a una sola startup porque su tecnología no fuera lo bastante buena. La verdadera palanca es la distribución y el go-to-market.
La distribución sigue decidiendo
Esa frase conectó toda la semana. En el panel de gobernanza, el inversionista contó que aconseja a los fundadores no contratar a diez SDR cuando una sola persona con las herramientas de IA adecuadas puede hacer esa prospección, y construir sus propios flujos de ventas en lugar de comprar software caro. El objetivo es gastar el dinero donde importa: poner el producto frente a los clientes.
La misma lógica apareció en toda la ciudad. El miércoles, la 2nd Annual Health & Wellness Innovation Summit, organizada por ionava, el Global Innovation Center de VSP Vision y The KINN, llenó un espacio de trabajo en Venice con fundadores, profesionales de la salud, inversionistas y consumidores curiosos. La agenda abarcó la salud del consumidor, los wearables y la salud preventiva, la innovación financiera en salud y el bienestar personalizado con IA, con ponentes que iban desde un investigador del sueño de Stanford hasta fundadores de empresas de salud con IA. Peter Ward, ex Head of Commercial Operations de Oura, participó en una charla sobre go-to-market en healthtech, un tema muy oportuno en una categoría donde el producto rara vez es lo más difícil.

A pocos pasos, Google llenó su espacio en 57 Windward de gente construyendo. Los desarrolladores practicaban en codelabs en el piso de arriba, mientras abajo se celebraba un evento de startups con Startup Showcase, Expert Lounge y ofertas del ecosistema de socios de Google Cloud. La fila para entrar daba la vuelta a la cuadra.
Los Ángeles es un mercado propio
Para las empresas que miran a EE. UU., la lección de la semana es que Los Ángeles no es un San Francisco más pequeño. Sus fortalezas son otras: salud y salud del consumidor, medios y entretenimiento, comercio, aeroespacial y espacio. Sophia Space, que construye servidores para la órbita, armó su equipo con ingenieros de JPL y de la industria de la nube. Una marca de salud encuentra aquí a su gente de go-to-market. Los fundadores que entran a EE. UU. deberían elegir la ciudad que corresponde a su mercado, no la del código postal más famoso. Hasta las listas de patrocinadores lo dejaron claro: el AI LAX Summit tenía al Consulado General de Canadá entre sus socios, junto a Google y Fivetran.
La industria aeroespacial es el ejemplo más claro. El miércoles por la noche, Techstars organizó un happy hour de Aerospace & Defense en su oficina de Culver City con la US Space Force y el Jet Propulsion Laboratory de la NASA, patrocinado por Leonid Capital Partners y Wilson Sonsini, con más de 600 personas en la lista de invitados. La Techstars Space Accelerator funciona en alianza con ambos y está pensada para un tipo de empresa interesante: negocios de otras industrias, como la automotriz, la agricultura, la energía, la minería, las finanzas y la manufactura, que quieren que el sector aeroespacial sea su principal camino al mercado, además de tecnologías como la autonomía y la robótica que pueden pasar al espacio.
Eso es, en sí mismo, una lección de entrada al mercado. Una empresa no tiene que ser del sector espacial para vender al sector aeroespacial y de defensa, pero sí necesita la puerta de entrada correcta. En Los Ángeles, las aceleradoras, los financiadores especializados y los despachos de abogados con áreas dedicadas a espacio y defensa están en la misma sala, y el miércoles por la noche estaban todos en el mismo patio.

La semana terminó como solo Los Ángeles la terminaría. El sábado por la noche, CarClub cerró la Tech Week en su nueva sede, con autos exóticos, pantallas LED, proyección mapeada y más de 1.000 confirmaciones, mientras SVRN, una red que conecta family offices, inversionistas ángel y fondos de capital de riesgo, organizó su fiesta After Hours en la Third Street Promenade. Aquí, la tecnología se mezcla con los autos, la cultura y el capital privado, y las fiestas son parte de cómo empiezan los negocios.

Si tuviera que convertir la LA Tech Week en consejos para una empresa que adopta IA en 2027, serían estos:
- 01Elija un número de IA que pueda defender ante su junta directiva en menos de un mes.
- 02Sepa si construye, implementa o solo usa IA, y redacte sus contratos en consecuencia.
- 03Dé a los agentes de IA los mismos controles que le daría a un empleado con tarjeta corporativa.
- 04Mantenga flexibles sus decisiones de infraestructura. El hardware y los modelos van a cambiar.
- 05Invierta en go-to-market lo que la IA le ahorre. Ahí es donde las empresas todavía ganan o pierden.
¿Estuvo en la LA Tech Week? Me gustaría saber qué fue lo que más le llamó la atención.




